La sexualidad, el chantaje, la atracción, el infantilismo, el inconciente, los traumas, la soledad, la edad, los amigos, la televisión, las vecinas, la hora, el lugar; todos hacen su trabajo cuando de tener sexo se trata. Quisiera tener un poco más claro si es que nosotros copiamos a los demás animales o si estos aprenden de nosotros, en realidad de lo que estoy mas seguro es que todos actuamos así porque somos así, desde siempre. Muchas personas han tratado de probar que nuestras diferencias no son tan abismales como algunos religiosos o eruditos déspotas pretenden hacernos creer; por ejemplo, ¿Ha visto usted lector cuando un hombre revisa sus axilas para saber si tiene algún mal olor?, muchos lo hacen, y por mas repugnante que alguien lo pueda considerar se hace, y se hace mucho, claro que en los tiempos corrientes no tanto por todo este tema de la metro sexualidad y el olvido de la animalidad innata de los “seres humanos”, en fin, considero que es solamente una de las pruebas de cuan corrientes animales somos y un punto de partida para saber cuan aun mas podemos serlo; otro ejemplo, las flatulencias; ¿ha visto o sabe de personas que mientras duermen o están recostadas en la cama tienen una flatulencia y se cubren la cabeza para sentir el hedor, su propio hedor?, pues bien, son también muchos los que lo hacen.
Estos dos ejemplos mencionados solo me permiten decir algo, somos unos corrientes animales que tratamos de descubrirnos físicamente a medida que pasa el tiempo, y mas aun cuando las propiedades físicas, entiéndase características, son más fuertes que las mentales entonces estas actitudes de auto reconocimiento se hacen más evidentes. En fin, todo esto tiene como objetivo mostrarles unas fotos que tomé mientras estaba sentado en un jardín, se trata de dos palomas, hombre y mujer (ya entenderá el porque de esta denominación).
Estas fotos las tomé una tras otra, en el mismo momento, en el mismo lugar, a la misma hora.
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Se le acercó raudamente por la parte posterior, se sentó junto a ella, intercambiaron algunas palabras, fáciles de pronunciar, sencillas, sin complicación; ella lo miró fijamente y sin temor, empezó a besarlo, primero con celeridad, luego con pausa, con suavidad, su biología se estremecía al ritmo de su espíritu femenino, mientras lo besaba todo desaparecía.

Él no pudo mas, sentía rugir torrentes de sangre a lo largo de su cuerpo, no podía contenerse, la deseaba, quería llevarse todo, no dejar nada para la duda, ella debía ser suya, nada mas importaba sino sus ganas de gloria, explotar su libido; así que se lo hizo saber.

Ella enmudeció, con un par de palabras indolentes, secas como el sol lo alejo de su lado, ella no era un objeto, ella no era tan fácil de convencer, ella era una dama, sin importar cuan derretido su cuerpo haya estado en brazos de la lujuria ella no podía aceptarlo sin pelear, se resistiría.
Él, astuto caballero, optó por el engaño, hombre genuino como era, recurrió a la interpretación, al drama, amagó marcharse, “arrepentido, avergonzado por su afrenta”, pues ella era su “dama”, a quien “nadie tocaría jamás, ni con el pensamiento” … vil, vil actor!

Ella, engañada por su verdugo y por ella misma cedió, se rindió tan fácilmente como había propuesto no hacerlo, el empezó a besarla locamente, un condenado excitado, satisfecho por el plan exitoso, venció la resistencia y ahora era dueño y señor, capaz de tocar lo que quisiera, nada lo detendría, era el ganador.

Ella se dejo engañar, por él y por ella misma.

Cualquier parecido con lo que hacen los humanos no tiene nada de coincidencia, es un hecho, innegable y vergonzoso como es.
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Estos dos ejemplos mencionados solo me permiten decir algo, somos unos corrientes animales que tratamos de descubrirnos físicamente a medida que pasa el tiempo, y mas aun cuando las propiedades físicas, entiéndase características, son más fuertes que las mentales entonces estas actitudes de auto reconocimiento se hacen más evidentes. En fin, todo esto tiene como objetivo mostrarles unas fotos que tomé mientras estaba sentado en un jardín, se trata de dos palomas, hombre y mujer (ya entenderá el porque de esta denominación).
Estas fotos las tomé una tras otra, en el mismo momento, en el mismo lugar, a la misma hora.
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Se le acercó raudamente por la parte posterior, se sentó junto a ella, intercambiaron algunas palabras, fáciles de pronunciar, sencillas, sin complicación; ella lo miró fijamente y sin temor, empezó a besarlo, primero con celeridad, luego con pausa, con suavidad, su biología se estremecía al ritmo de su espíritu femenino, mientras lo besaba todo desaparecía.
Él no pudo mas, sentía rugir torrentes de sangre a lo largo de su cuerpo, no podía contenerse, la deseaba, quería llevarse todo, no dejar nada para la duda, ella debía ser suya, nada mas importaba sino sus ganas de gloria, explotar su libido; así que se lo hizo saber.
Ella enmudeció, con un par de palabras indolentes, secas como el sol lo alejo de su lado, ella no era un objeto, ella no era tan fácil de convencer, ella era una dama, sin importar cuan derretido su cuerpo haya estado en brazos de la lujuria ella no podía aceptarlo sin pelear, se resistiría.
Él, astuto caballero, optó por el engaño, hombre genuino como era, recurrió a la interpretación, al drama, amagó marcharse, “arrepentido, avergonzado por su afrenta”, pues ella era su “dama”, a quien “nadie tocaría jamás, ni con el pensamiento” … vil, vil actor!
Ella, engañada por su verdugo y por ella misma cedió, se rindió tan fácilmente como había propuesto no hacerlo, el empezó a besarla locamente, un condenado excitado, satisfecho por el plan exitoso, venció la resistencia y ahora era dueño y señor, capaz de tocar lo que quisiera, nada lo detendría, era el ganador.
Ella se dejo engañar, por él y por ella misma.
Cualquier parecido con lo que hacen los humanos no tiene nada de coincidencia, es un hecho, innegable y vergonzoso como es.
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