Y me quedé mirando
como saltaba para llegar a las estrellas, esas que alguien había pintado con un
pincel de plástico barato, donde cada figura hacia juego con sus saltos; luego
entre dudas me senté cerca suyo escuchando sus relatos y mirando a la vez sus uñas
negras casi despintadas, hubiera pensado que eran rosadas o amarillas pero eran
algo mucho mejor que eso, estaban despintadas con pequeños raspones negros y
blancos donde se acumula más esmalte como si lo dejara así para que termine su
ciclo vital. Me quedé cómodamente sentado mientras buscaba su aroma entre el
pasto y las nubes húmedas, ella seguía hablando de esto y aquello sin dejarme
distraer, me sentía conectado a una enorme planta de energía, su imagen pegada
a una sombra vertical la hacía ver como una heroína, no lo era pero me ayudaba
a crear su historia, ella volando con una capa dorada, mi boca abierta y mis
ojos tiesos.
Seguía contándome
sus intenciones con el ánimo que solo alguien tan menudo puede tener, mientras
mis paralelos pensamientos buscaban algo parecido, algo similar; escuchaba
atento sin reparar en errores ni omisiones, escuchaba hipnotizado sus simples
palabras. El sol mermó diez metros en el horizonte, yo seguía escuchando, aun
no encontraba nada parecido a ese momento afortunadamente, era solo ella y ella
interpretando caras melodías en acordes conocidos. Alguien me dijo después que
en ese mismo segundo un pedazo enorme de piedra chocó contra la tierra a solo
unos kilómetros de mí y a muchos cientos de kilómetros por hora de velocidad;
mientras se despedazaba ansioso, excitado al verse ampliando su onda ardiente
sobre la humanidad chocó con el ala de un avión, este se desestabilizó, se movía
como un trompo sobre las cabezas calientes bajo él, la turbinas agonizantes murmuraron
en mis oídos; terminaron descendiendo al mismo tiempo, el meteorito y el avión,
mezclaron sus llamas, nadie sobrevivió para contarlo, solo ella y yo, que no
recuerdo nada, salvo las constelaciones dibujando puentes, cabellos y uñas, y a
los cometas corriendo unos tras otros trepando paredes.
Luego, personas
totalmente extrañas bramaron, decían cosas sin sentidos para mi, hacían que mis
sentidos se derritan en pliegues cálceos, impotentes; decían las mismas cosas
que se dicen en un paradero de autobús pero yo no entendía, ella les respondía,
comentaba sus ideas y las hacia importantes, lograba que los artículos sean
ensayos, hipótesis irreproducibles. Mientras ellos seguían hablando yo
continuaba mirándola intermitentemente solo para ocultar mi inocente interés;
sus ojos grandes señalaban el fondo de la calle, apuntando en todas direcciones
y enseñándonos a todos las esquinas y las figuras de lo que había y se movía.
Sus cabellos dorados entraban en mis orejas silbando con las manos en los
bolsillos, aun estaba atontado, me dejaba convencer, me dejaba seducir sin
libidos presentes.
Las voces aplacaron
después de un rato, los sujetos empezaron a retirarse uno a uno y en silencio así
como nosotros, yo inmerso en mi silenciosa rectitud ingenua pretendía no saber
ni haber oído nada de esa titánica conversación sin títulos ni presentaciones,
caminamos por las calles verdes casi vacías de la zona y seguía mirando dibujos
en el espacio aunque esta vez ella era quien dibujaba. Partimos junto a algunos
otros por el mismo camino, ya muy cerca de su casa, gracias a su aviso, sentí
como mis propios pasos se quedaban atrapados en sus huellas, se estancaban en
las grietas de sus zapatillas negras y se cubrían de barro para no poder ser
reconocidas. Se despidió primero de los otros deseándoles buena suerte en su
camino de regreso a casa de domingo, luego se acercó a mí con los mismos saltos
con los que cazaba astros y me dio un beso en la mejilla agradeciendo mi compañía,
su cuerpo giro en otra dirección y empezó a caminar rumbo a su puerta; de
repente regresó, rodeó mi cuello con sus brazos mientras decía “si hubiera
lluvia este día seria perfecto”. Regresé por el mismo camino y me robé todas
las estrellas, las metí en los tachos de basura de todas las esquinas,
fotografié cada pieza de basura de ellos, fui hasta donde cayó ese avión y
rescate a todos los ocupantes, rescate cada metro y segundo que pase con ella
esa tarde sin retorno.
Es un relato sin final pero al final es perfecto, con lluvia o sin ella.
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